La etimología de la palabra "biblioteca" nos dice que significa: "caja/contenedor/armario" de libros. Podemos entender "biblioteca" como "mueble o estantería para libros", pero con el tiempo también llegó a significar el propio "edificio que contiene libros".
Que se comenzara a reunir libros en bibliotecas dependió de dos cosas: el desarrollo del libro como objeto tecnológico (ver Entrada: Papiro y Entrada: Rollo de papiro), y la aparición de un mercado de libros. Lo que a su vez vino grandemente determinado por la democratización de la lectura y la escritura. En el sistema democrático griego, cualquier ciudadano que supiera leer y escribir podía participar en el gobierno, de forma que las habilidades lectoescritoras se generalizaron (aunque todavía no se universalizaron) con el fin de poder desarrollar una vida de ciudadano plena. A esto contribuyó decisivamente la adopción del sistema de escritura alfabética, y la existencia de los esclavos copistas, que solían ser también quienes enseñaban a los hijos de sus amos. Aparecieron los sofistas, los pedagogos, las escuelas, los centros de estudios y de investigación...
En lo que se refiere al mercado de libros, ya en el s.V a.C. se sabe que en el ágora —el mercado de Atenas— existían puestos de venta de libros. En la "Apología de Sócrates", Platón pone en boca de su maestro que "cualquiera podía comprar las obras de Anaxágoras por un dracma". Con el negocio del comercio de libros cada vez más desarrollado y consolidado, fue posible la aparición de las primeras bibliotecas privadas, de las que se conocen casos ya en el siglo VI a.C.
Ahora bien, costearse una biblioteca era caro, por un lado por el precio del papiro —importado de Egipto, que tenía el monopolio de su cultivo y preparación—, y por otro lado, lo que se agregaba a estas bibliotrecas privadas eran copias, que debían realizar los esclavos destinados a estos trabajos.
Muchos estudiosos consideran a Pisístrato (ver Entrada: Pisístrato) uno de los primeros dueños de una biblioteca privada. También se considera que tanto en el liceo de Aristóteles como en la Academia de Platón, así como otras muchas instituciones de enseñanza del momento, poseían buenas y amplias colecciones de libros. No quedan vestigios de dichas colecciones privadas, más allá de referencias de autores posteriores y suposiciones lógicas; como curiosidad, se sabe que se guardaban en archivos públicos de Atenas las copias de las obras teatrales presentadas en los festivales atenienses, por si se daba el caso que se reestrenaban.
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