viernes, 25 de septiembre de 2026

Heráclito de Éfeso

En la obra, Anníceres recita algo que atribuye al dramaturgo Eurípides: “Nada de lo que existe muere, sino que transmutándose cada cosa en otra se muestra bajo otra forma”. Es por esta tesis que Anníceres considera una divinidad a su supuesto autor, pero Platón le descubre al público que no es más que un plagio de Heráclito. 

Heráclito de Éfeso ació en torno al 544 a.C., y fue conocido como el “Oscuro” por su estilo oracular y enigmático. 

Escribió "Sobre la naturaleza", según parece, hacia el final de su vida. Se trata de un libro de aforismos, y ocupó un solo rollo de papiro, que quedó depositado en el gran templo de Artemisa (el Artemisio, en Éfeso, uno de los templos más grandes del siglo VI a. C. y una de las siete maravillas del mundo antiguo) a disposición de quien lo quisiera consultar, ¡y se hizo muy famoso! Quienes pudieron leerlo y convertirse en partidarios de su filosofía se conocieron como los heraclíteos. Al parecer, el libro existía aún en la época de Plutarco (46 o 50-120 de nuestra era.), pero nos ha llegado solo en fragmentos citados por otros autores, más de cien, que han debido recopilarse y ordenarse para poder disfrutarlos hoy en día en libros recopilatorios y ensayos.

Los fragmentos o sentencias que se conservan de sus escritos, formaban parte probablemente de una obra cuyo título, "Sobre la naturaleza", ya había sido adoptado por los filósofos de Mileto. Efectivamente, el matemático Tales de Mileto (624 a. C.-Mileto, c. 546 a. C) y sus discípulos se interesaron —antes que Heráclito— en explicar racionalmente el origen del cosmos, los múltiples elementos y seres que lo constituyen y los cambios que los caracterizan, en lugar de imputarlo a la voluntad antojadiza de los dioses, tal y como relataban los mitos tradicionales.

Su aforismo “todo fluye, nadie se baña dos veces en el mismo río” es expresión de su convicción de que no hay nada estable o permanente. Otros fragmentos también insisten en que la naturaleza es un devenir constante, siendo la “guerra”, la lucha entre opuestos, la explicación de los cambios visibles. Aún así, el resultado en su conjunto es ordenado, un “cosmos” y no un "caos"; de ahí que Heráclito suponga que la naturaleza está sujeta al “logos”, una ley universal que explica la armonía resultante; la propia tensión entre contrarios genera equilibrio, de ahí que la naturaleza sea manifestación de una lógica dialéctica.